miércoles, 8 de septiembre de 2010

ESTRÉS EN BOVINOS

Impacto de las actitudes humanas hacia los animales Los animales asocian positivamente a las personas que les ofrecen alimento, acarician y hablan con voz agradable (Dobson et al 2001). En su artículo “interacciones humano-animal” Hemsworth y Barnett (1987) discuten la importancia de la actitud de las personas encargadas del manejo diario de los animales y su influencia sobre el bienestar y la productividad de estos. Señalan, por ejemplo, los efectos negativos del estrés crónico, desencadenado por miedo a los humanos, sobre la tasa de crecimiento en cerdos jóvenes y sobre la reproducción en adultos. Seabrook (citado por


Hemsworth y Barnett, 1987) reporta una asociación significativa entre la producción láctea en vacas con la personalidad de los humanos que las manejan. Otros autores reportan que el miedo de las vacas de leche a los humanos puede reducir la producción de leche y cambiar su comportamiento durante el ordeño (Albright y Arave 1997; Hemsworth y Coleman, 1998; citados por Munksgaard et al.

2001) Echternkamp (1984) demostró que actividades como la toma de muestras de sangre en vacas de carne no acostumbradas a dicho procedimiento, durante el proestro, anularon la expresión de signos de estro e inhibieron el pico preovulatorio de LH y la ovulación en el 70% de las vacas.

Otras situaciones como introducción de nuevos animales al hato (Dobson et al, 2001), transporte (Smith y Dobson, 2002), aislamiento (Rushen et al 2001), privación de alimento (Sandem et al, 2002), sujeción física (Andrade et al, 2001) agresiones, presencia de animales o personas extrañas, hacinamiento, gritos y ruidos, pueden igualmente en dependencia de la intensidad del estímulo y posiblemente de la habituación (Andrade et al, 2001) desencadenar estrés agudo y/o crónico en animales.
Estrés térmico Existen zonas de tolerancia o bienestar térmico para los animales. Estos, al verse sometidos a temperaturas por encima de dicha zona, responden mediante mecanismos compensadores como la evaporación cutánea y respiratoria (con un alto gasto energético). Cuando estos mecanismos son insuficientes, la temperatura corporal aumenta produciéndose hipertermia o estrés térmico (Berbigier, 1998 citado por Chimenau, 1993).


De Rensisay Scaramuzzib (2003) realizaron una revisión de literatura acerca de la influencia negativa del estrés calórico sobre la dinámica hormonal en el ciclo estral y el nivel de fertilidad bovino sugiriendo que, aunque los problemas reproductivos son debidos en parte a la interacción de los glucocorticoides con las hormonas sexuales, existen además otros factores que intervienen como son la disminución de la ingesta de materia seca y el mismo aumento de temperatura corporal.

De igual forma se ha dicho sobre el estrés calórico en verracos, toros y moruecos que afecta la calidad del semen; además, influye sobre la presentación y duración del estro, disminuye las tasas de fertilización, aumenta la mortalidad embrionaria, y afecta la libido en machos cabrios (Chimenau, 2003). En vacas de leche el estrés calórico afecta la duración y expresión del estro, el desarrollo embrionario temprano, el flujo sanguíneo al útero, el crecimiento fetal y la producción láctea (Drost y Thatcher 1987).

En zonas tropicales, el efecto térmico reviste mucha importancia pues los factores climáticos como los veranos intensos, aunados a las características de manejo y al modelo de explotación bovina tradicional caracterizado por deficiencia de fuentes de agua, potreros con ausencia de árboles para sombrío de los rebaños, la tendencia a la extinción de las razas criollas (mas tolerantes a las condiciones tropicales) y el aumento de razas extranjeras (poco adaptadas, de alta producción y por ende mas susceptibles a las altas temperaturas) son condiciones que evidentemente favorecen la aparición de estrés calórico.

Mecanismos del estrés A grandes rasgos, la respuesta a un factor estresante puede darse de la siguiente manera: normalmente los animales poseen rangos de tolerancia a diversos estímulos (el calor, ruido, dolor, radiación solar, humedad, etc.); cuando se excede dichos rangos el cuerpo reacciona tratando de volver a un equilibrio. Esta respuesta a corto plazo está determinada por la activación del sistema nervioso simpático con la consiguiente liberación de catecolaminas desde la médula adrenal. Pero en el caso de que sea necesaria una respuesta prolongada, se activa el eje hipotálamo-hipófisis-corteza adrenal y son liberados glucocorticoides (Cunnigham, 1999), los cuales, cuando aumentan sus niveles séricos son considerados como indicador de estrés en mamíferos.

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